Amiga olvidada

     puerta verde con sombra de rama

(Foto: la sombra de la primavera. Verónica, frente a la puerta, 2015)

Muerte,

te he escrito últimamente y

he fingido hacerlo sin dolerme,

pero tras los versos destinados

a tristezas ajenas, se ocultaba

el deseo de hablarte a los ojos,

aunque los tengas siempre cerrados.

Muerte,

dicen que hablar de ti da vida,

esos días que a veces amanecen

con un sol hueco de cielo encapotado.

Haces correr lágrimas y corren los niños,

alimentas las unas y te llevas a los otros,

y sigue, todo sigue y cambia; cambias todo.

Muerte,

quisiera mirarte serena aun sin verte

y vivir pisando con la firmeza

de la que imprime su huella

sin aspirar a horadar el suelo,

sino con la ligereza de lo fugaz

como único equipaje de mano.

Muerte,

ven cuando tengas que hacerlo,

entonces seguiré sin conocerte,

pero espero haber entendido

que formas parte de la historia,

que hay porqués sin respuesta

y que el cómo es lo que importa.

Mírame y no me… olvides

vidas prestadas_2

(Foto: Vidas prestadas, la nueva obra de Gabriel Córdoba. Estreno en El Almazen, Barcelona. Vero 2015)

Desde el amor sincero que profeso por el teatro, aquí os dejo todo lo que me hizo sentir Vidas prestadasDeseo que os llegue y os animo a ir en busca de emociones propias con esta experiencia teatral.

Hoy me ha despertado el rumor amortiguado del río. En la ciudad contaminada, el agua ruge de esa forma contenida cuando ha llovido mucho; el cauce se desborda por las márgenes a causa de la cantidad de mierda que le han tirado. Pero la corriente fluye con fuerza, y sé que el río está escupiendo toda la basura hacia fuera.

Viví un despertar muy parecido al ver actuar a Gabriel Córdoba y a Rafa Delacroix en Vidas Prestadas, obra escrita y dirigida por el primero.

Un rumor sordo de experiencia cargada de recuerdos sirven a un director teatral, al más puro estilo Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses (Gabriel Córdoba), para barrer con la inocencia del joven actor debutante (Rafa Delacroix), que aspira a conseguir un papel protagonista. El director es el río desbordado, la avalancha de emociones emergidas de entre el limo más profundo de su existencia, la bofetada continua al aficionado de pasión vocacional y fragilidad de inexperto.

Porque, como dice el director, «En el teatro todo es verdad. Para mentiras ya tenemos el cine», estar tan cerca de Gabriel y Rafa mientras interpretan es tan auténtico como freír esas croquetas caseras que tanto me gustan: las contemplo saboreando lo que vendrá y, sin previo aviso, me salpica el aceite hirviendo. A través de las vivencias más cotidianas sobre las tablas, la interpretación de Gabriel levanta ampollas, la de Rafa es el calor remanente en la piel herida. Golpes y caricias, lágrima contenida y carcajada breve, porque al poco llega un nuevo embate dialéctico.

La intensidad textual de Vidas Prestadas aumenta en autenticidad por la cercanía física entre público e intérpretes, lo cual es posible gracias al escenario en que se representa: el Almazen (www.almazen.net). Un local de recorrido tan largo, constante y peculiar que merece artículo aparte. Dirigido por Macarena González de Vega, este espacio colectivo sirve de escena para «artes poco convencionales». Como espectadora, amo la posibilidad de que esa ruptura con la convención incluya la cercanía entre público y artistas.

En resumen. Ríos desbordados, deliciosas frituras familiares, en apariencia inofensivas, que salpican aceite hirviendo a la cara del espectador. Teatro sobre teatro, miel sobre hojuelas. Gabriel Córdoba y Rafa Delacroix al alcance de la mano, a pie de alma. Amor, sexo y risas saladas por un llanto antiguo. Vidas prestadas. Altamente imperdible.

Todavía podéis Verla:

https://www.facebook.com/events/1377767785881474/

Y me gustó tanto el Almazen que alguien muy especial ¡me regaló el carnet de socia! La guinda de la noche.

almazen

Vida

Lo que importa

salva cumple

 (Foto. Salvador a punto de salir hacia París en sueños. Siempre paseando por las calles parisinas de la mano de su amor)

Dicen algunos que los hijos escogen a sus padres, incluso antes de nacer. Teorías. Pero es un hecho probado que tú me escogiste a mí, dieciséis años después de ser concebida. A esa edad, no tuviste que portearme en una moderna mochila ergonómica, pero elegiste soportarme cuando la mochila la llevaba yo, cargadita con la herencia de un padre biológico que se había dado a la fuga.

Decidiste aprender a lidiar con una adolescente que, a sus dieciséis años, estudiando y trabajando muy esporádicamente, se creía mucho más experta e independiente que tú. Pero me diste una nueva madre. Una mujer que ya no estaba siempre cansada y que sonreía. Y que recibía ramos de flores, que yo despreciaba (tal vez por miedo a quererte), pero cuyo perfume agradecía porque la embriagaba y la convertía en una madre feliz.

Te gustaba el fútbol, no bailabas y ni siquiera sabías cocinar el tofu para que no supiera a corcho. Escuchabas zarzuela y sólo sabías freír patatas. Eras todo lo que yo creía que una mujer liberada debía rechazar. Pero allí estaba la sonrisa de mi madre, cada día más amplia, más luminosa. Y llegaste a pedirnos, a mi hermano y a mí, la mano de la mujer a la que amas. ¡En esta casa no se casa nadie! ¡Traición!

Aceptaste cuidarme mientras esa mujer regresaba a Chile a recoger las cenizas de una vida de la que tuvo que huir. Debías ocuparte en especial de mi alimentación, pues yo andaba coqueteando con la anorexia, graciosa herencia de esa otra fuga, la paterna. Recordaré toda mi vida la dureza de los brotes de soja sin germinar que tú me obligaste a comer por mandato de mi madre (añadiré que no tenías ni idea de que era como comer garbanzos crudos). Y la ternura del discurso que pronunciaste para conseguirlo. Me ganaste.

Diste carpetazo a una vida ordenada junto a tu madre y tu hermana, con un trabajo en el que llevabas más de dos décadas y costumbres inamovibles cuyos cimientos se abrieron, tras el terremoto amoroso, para hacerte caer al vacío de lo desconocido. Dejaste la estabilidad laboral para iniciar un proyecto con ella. Te adentraste en el universo caótico de muebles recuperados de la calle y reuniones improvisadas en casa. Y te amoldaste a los ires y venires de dos adolescentes semi autónomos por amor a la mujer que los parió.

Me diste una familia con una nueva abuela y una tía. De pronto empezaba a llenarse mi vida de elementos tradicionales, y me sentaba bien. La estabilidad llegaba en forma de tranquilidad. De visitas dominicales a tu casa, de comidas españolas, mallorquinas, de otro acento y de otras costumbres, de un amor expresado de otros modos, más próximos a los fogones, a los objetos que llevaban una vida entera en el mismo lugar, a recetas inmutables.

Recuerdo el tacto de la manos de la abuelita Concha, la tersura de una piel tensada de tanto usarla. Lo tengo grabado en un rincón muy cálido de la memoria. El sol de la isla me trajo por su boca relatos de un pasado muy distinto al que yo conocía en mi familia. Se abrían las puertas a otros viajes, a otras migraciones. Y también la memoria de un esposo, tu padre, que ya no estaba. Con nostalgia, con una sonrisa muy pequeña que afloraba y le achinaba los ojos. Me habló de un Salvador niño, pequeño, flacucho, pero resistente.

Y la tía Magdalena. Una tía. Pasé la infancia deseando tener parentela cerca de casa, en serio. Y, de pronto, lo tenía todo. Otro libro lleno de relatos desconocidos. Una mujer inquieta. Un misterio que ha ido desvelándose a medida que han pasado los años y yo también me he convertido en una mujer que genera curiosidad e historias. A la que la tía Magdalena ha acogido como madre con una generosidad que se olvidó del límite.

El tiempo se ha empeñado en pasar, como no podía ser de otra forma. Nos ha traído lo mejor que trae el paso de los días: la aparición de nuevos seres. Guille y Carlitos. Y cada uno de nosotros ha cambiado con su nacimiento. La mujer que amas se convirtió en abuela; su hija, en madre; su hijo, en tío y tú en abuelo. El mejor abuelo que pueden tener mis hijos. El hermano de la mejor tía abuela del mundo. La intensidad del amor que sientes por Guille y Carlitos te anega los ojos del alma cada vez que los piensas.

Salvador, hay muchas cosas que no están contenidas en esta carta, emociones que ocuparían muchas más letras de las que te envío, pero lo sentido es lo que importa. Lo que importa es que haces vivir con ternura a muchos, sonríes a otros tantos y alegras la mañana a no sé cuántos anónimos que entran en la tienda y te encuentran tras el mostrador. Lo que importa es lo que has sido, que te ha llevado hasta lo que eres y te ayudará a disfrutar de lo que serás. Eso es lo que importa. El cáncer de próstata, como tú le dijiste al médico, no lo tienes tú, lo tiene el órgano. Tú eres mucho más. Eso es lo que importa.

Te quiero,

Verito

Hasta la próxima caña, Victoria, y feliz vuelta al mundo.

victoria actriz

(Foto, Victoria preparándose para decir: “No se levantan fortificaciones ni hay signos de violencia, pero existe un arte floreciente […] no hay dominio sobre los hombres sino igualdad entre los sexos”)

Se ha muerto mi amiga Victoria. Ha sido la primera. La primera amiga que se muere en mi vida. Escribo para llenar un abismo. El agujero que se abrió hace dos días, cuando murió. He intentado llenarlo con comida, con alcohol, con caladas fugaces de un tabaco que hace ya casi un año que no fumo. Pero no ha funcionado. Camino por estas líneas, un tanto desorientada, pero siento cómo va tejiéndose una pieza, un manto que va abrigando ese vacío.

Victoria era, ante todo, mujer. No es una perogrullada. Ella ejercía de pleno derecho. Su cuerpo rotundo de busto orgulloso avanzaba como una oleada brutal y arrasaba con cualquier injusticia que se interpusiera en su trayectoria. Victoria fue madre y parió a otra mujer, Marta, una mujer menuda por fuera y gigantesca por dentro. Y estaba siendo abuela. Reparando heridas abiertas, reencontrando maternidades perdidas y caminando por una senda nueva junto a Isaac y Joel, sus dos nietos.

Victoria fue amante. Y su gran amor durante más de medio siglo, Alberto, y sus amores, todos cuantos defendían causas impensables y buscaban el cobijo de un espíritu generoso, a lo largo de toda su vida, acompañaron su carrera en el interior de este mundo que al final se le ha quedado corto. Demasiado limitado.

Victoria es semilla de muchas decisiones cruciales en muchas vidas. Plantó la raíz de la primera asociación de crianza en nuestro pueblo (mamimamo), apoyó la lactancia libre para todas las madres, puso su huella en la lucha contra el robo de las grandes entidades desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, se resistía a la sumisión como gata panza arriba, hace apenas unas semanas sonreía orgullosa desde la lista de candidatos municipales de Podemos… Su fe en la bondad humana era tan infinita que no me cabe en este espacio. Rabiaba contra la resignación y su vehemencia despertó a más de un alma dormida ante tanto sinsentido. La mía entre ellas.

Victoria descubrió hace tiempo que para volver a empezar hay que salir y entrar. Ahora ha salido y lo ha hecho para entrar hasta el fondo. Se ha ido a dar la vuelta al mundo. Pero por dentro. Por la piel vuelta de este globo magullado. Porque el planeta la ha llamado para que regrese a sus tripas, a la tierra. El suelo necesita del mejor abono para los proyectos de futuro con los que hemos de reparar este mundo que se duele de tanta locura.

Los amigos se van, ahora lo sé. Te ha tocado a ti enseñármelo, Victoria. Pero siempre queda la próxima caña. Esa copa compartida que volveremos a llenar de risas y recuerdos. También caerá alguna lágrima. Será la sal de la vida, una sal que ya no escuece en el hueco que no se cerraba hasta hace unas palabras. No es herida, es el surco que horadó tu vida en la mía para plantar nuevas esperanzas.

Feliz vuelta al mundo, amiga.  Nos debemos la siguiente.