Sin palabras

guille escribe

 

—Mamá, si matar está mal, si nadie puede matar, ¿por qué existe la guerra? ¿No debería estar prohibida…?
—Dame un beso, hijo.

 

Sigo buscando en el diccionario de mi vida palabras para explicarme tanta locura. Sé que acabaré encontrándolas, y, que, aun así, no lograré poner fronteras a la tristeza. Continúo en silencio atento, insisto en mirar a mis hijos a los ojos con la cobarde intención de encontrar la esperanza de un futuro en su brillo.
Y retomo el teclado para traducir, aunque con cada pulsación siento que traiciono las líneas de la verdad. Escribo las palabras de otro autor, anclado en la distopía adolescente. Traduzco palabras de sangre, armas futuristas y ataques alienígenas.
La percusión de las teclas me retumba en los oídos de la conciencia y me recuerda, una vez más, que por mucho lenguaje que intente ponerle a la crueldad, ésta persiste, continúa y siembra la Tierra a la que he traído a mis hijos.
Un día más de mi vida es un día menos para tantos niños, una bomba más sobre tantos hogares…
Seguiré escuchando, seguiré buscando. Seguiré hasta dar con la paz para el corazón de este mundo que se empeña en existir.
Por algo será.
Paz y amor para todo, para todos.