Después de mañana

tú y mona

Foto: tú y nosotros… ¿Llegaremos a entendernos?

 

Amado C.: Gracias por las risas, el fútbol, tus besos, tu boca llena de comida masticada cuando me cuentas el mismo chiste por enésima vez, tu mirada cómplice, tus palabras inventadas, tus lágrimas, tu valentía, tu vida… TU AMOR.

 

Cuento que escribí inspirado tanto en ti, C., como en tu hermano. [publicado en la recopilación Contes del Calaix, 2018, AFI El Martinet]

Tú eres mi inspiración hoy, desde hace 8 años. Te amo. C., feliz cumpleaños. Si este relato es TRONCHANTE (y te cito) es solo gracias a ti.

 

 

Yo un día le pregunté a mi madre que, si papá y ella se iban  a separar, que por qué nos habían tenido a mi hermana y a mí. Y mi madre me dijo que no lo sabía. Otro día le pregunté que, si los negros eran de color marrón, que por qué se llamaban negros. Y mi madre me dijo que era una forma de hablar. Vamos, que tampoco lo sabía. Esta tarde le he preguntado que por qué no me deja jugar a video juegos de matar si los mayores no paran de matarse en las guerras y me ha dicho que matar no era un juego. Entonces le he dicho que si matar no era un juego, que por qué decían los mayores que la guerra la gana un país o el otro. A ver, si alguien gana algo, eso es un juego, ¿no? Y me ha dicho que era una locura y que no lo entendía. Hay muchas cosas que mi madre no sabe, mi padre tampoco, ni siquiera las sabe mi abu, ni los profes.

Ayer se me ocurrió otra pregunta: que cuándo me voy a morir. Y mi madre me dijo «algún día, pero no ahora». «¿Y tú cómo lo sabes?», le pregunté. Y ella me dijo, «bueno, es que lo sé… Mejor no pienses en eso ahora». Mi madre dice que tengo que pensar mucho antes de hacer algo, que piense antes de hablar, que piense, que piense, que piense. Y luego va y me dice que no piense. Mi madre no se aclara.

Otro día me dijo que yo pensaba demasiado. Y no estaba enfadada. Dijo que era muy pequeño y que tenía que disfrutar más de la vida, «que, sin darte cuenta, los años se pasan volando y te haces mayor. Ya tendrás tiempo de preocuparte cuando lo seas». Entonces, no soy mayor todavía. Todavía no me toca pensar.

Esto de los mayores es un poco lío. Porque ahora resulta que yo también soy mayor. O eso me dijo mi madre una mañana, cuando le dije que no quería ir al cole porque me apetecía quedarme en casa. «Ahora ya eres mayor, tienes obligaciones». ¿En qué quedamos? ¿Soy mayor o no? «Eres mayor que tu hermana, tienes que darle ejemplo. Hacer las cosas bien para que ella aprenda de ti.»

Por lo visto, ser mayor que mi hermana me hace tener obligaciones, pero no me hace lo bastante mayor para pensar en la muerte, pero sí para no pensar en que no me apetece ir al cole. Ser mayor significa ver el marrón como si fuera negro y decir muchas veces «Estoy muy cansado. He tenido un día horrible», y que nadie te pregunte nada o que te digan otros mayores: «Sí, dímelo a mí». Si eres pequeño y dices «He tenido un día horrible», tus padres enseguida piensan que te has peleado con algún niño del cole y se ponen muy serios y te miran a los ojos y te hacen un montón de preguntas. He pensado que voy a escribir una lista de las cosas que saben los mayores. A lo mejor, así me aclaro un poco y decido si de verdad quiero ser mayor o me quedo siendo niño un poco más. Pero será después de mañana… Mañana vienen los Reyes.

 

Autora: Verónica Canales. Escritora, traductora y madre de G. y C., de 9 y 7 años.

 

 

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